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En dos décadas, la población reclusa de América Latina y el Caribe creció un 120%

Actualmente hay 1,5 millones de personas encarceladas en la región; la mayoría son jóvenes y están a la espera de una sentencia. El 20% de los presos no tiene acceso regular a agua potable y el 42% duerme en el suelo.

Las condiciones inhumas de las cárceles de América Latina y el Caribe no son una novedad: casi la mitad de los presos duerme en el suelo. Actualmente hay 1,5 millones de personas encarceladas, y la mayoría está a la espera de una sentencia.

Con el fin de ahondar quiénes son y cómo viven los reclusos de la región, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) encuestó a más de 11 mil internos de 14 países: Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Perú, Suriname y Trinidad y Tobago.

Del año 2000 a esta parte, la cantidad de personas privadas de su libertad creció un 120% en América Latina y el Caribe, mientras que en el resto del mundo el incremento fue de apenas un 24%. “Este crecimiento alarmante de la población carcelaria ha colapsado los sistemas penitenciarios y pone en riesgo el principal propósito de la cárcel: la reinserción social de los internos”, sostiene el informe Una primera mirada al otro lado de las rejas, publicado por la organización financiera.

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En varias de las cárceles latinoamericanas y caribeñas falta alimento, agua potable y espacios para recibir visitas o realizar actividades educativas. “El 20% de los presos no tiene acceso a agua potable, el 75% es jefe de familia, tres de cada cuatro tenía trabajo antes de ser arrestado y el 40% del total estuvo expuesto a algún tipo de maltrato familiar”, señala el documento.

“Nuestras prisiones no sólo hacinan presos en poco espacio, también aglutinan entre sus paredes un microcosmos de desafíos que son la puerta para resolver el problema de inseguridad en nuestras calles. Entrar a las cárceles nos ha permitido conocer con más detalle el funcionamiento real de los sistemas penitenciarios y comprender de manera más profunda el fenómeno criminal. Trabajar en los sistemas penitenciarios es quizás la tarea más compleja de las muchas que deben asumir los sistemas de justicia criminal”, concluye el BID.

Para leer el informe completo, haz clic aquí.

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