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Sexo: ¿qué es la disritmia sexual y cómo repercute en las parejas?

Se trata de una discrepancia que quedó al desnudo en la cultura del consentimiento. ¿Te ha pasado?

Simulas que estás durmiendo, te excusas con un malestar corporal o dices que el cansancio hizo de las suyas: ¿cuántas veces inventas una problemática para no tener sexo?

El consentimiento es la base de cualquier relación sexo-afectiva. El “NO” –hoy no, no quiero, no tengo ganas- es suficiente para manifestar tu desacuerdo.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando esos NO se convierten en un hábito? ¿Y si tú y tu pareja no quieren tener sexo al mismo tiempo?

La disritmia sexual se origina cuando una pareja tiene diferencias en el nivel del deseo sexual: uno quiere tener sexo y el otro no (y viceversa).

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Si hay diálogo, entendimiento mutuo y acompañamiento, puede ser parte de una dinámica temporal de desencuentro. Si genera discusiones, malestar o cambios de humor, es recomendable charlarlo o pedir ayuda profesional.

Si bien el deseo es fluctuante, la falta de coordinación puede dar cuenta de una desconexión en la pareja.

El estrés, el cansancio, la rutina, las preocupaciones laborales y los problemas familiares, entre otros, pueden afectar el deseo de tener sexo. Por eso, los especialistas hablan de causas orgánicas, psicológicas, orgánicas y emocionales.

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¿Qué hacer cuando hay diferente nivel de deseo sexual?

Charlar con sinceridad. La disritmia sexual puede traer problemas de pareja a largo plazo: la persona que tiene ganas de tener sexo puede sentirse rechazada, frustrada o poco atractiva y la persona que no tiene ganas de tener sexo puede sentirse culpable, avergonzada o fastidiosa.

Lo mejor, en estos casos, es dejar en claro las expectativas de cada uno y trabajarlas en conjunto o con ayuda de un profesional.

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