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¿Qué oculta la conversión de Santa Sofía en mezquita y por qué es un atropello?

La decisión del gobierno turco atenta contra la convivencia interreligiosa y contamina políticamente un Patrimonio de la Humanidad. Las instituciones helénicas de la región manifestaron su preocupación.

No hay motivos religiosos, sino políticos: la re-islamización de Santa Sofía ha sido una decisión unilateral del gobierno turco. ¿Por qué el mundo repudia este gesto? ¿Qué hay detrás?

Desde que ha sido secularizada en 1931, Santa Sofía es un nexo entre cristianos y musulmanes. De hecho, es considerada una joya de la arquitectura bizantina y ha sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Sin embargo, esa declaración está en riesgo; y donde se erigía un puente entre culturas, religiones y civilizaciones, ahora hay provocación.

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Contexto

La basílica ortodoxa fue construida en el año 537 en Constantinopla, actual Estambul, por el emperador bizantino Justiniano I. En aquel entonces, era la iglesia más importante de la comunidad cristiana.

Cuando el Imperio Otomano conquistó Constantinopla, la Iglesia de la Santa Sabiduría de Dios fue reconvertida en mezquita por decisión de Mehmet II.

Recién 481 años después, en 1934, Santa Sofía se convirtió en museo por un decreto firmado por Mustafá Kemal Atatürk. Pero este mes el gobierno turco dio marcha atrás.

La re-islamización

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, firmó un decreto que anuló el estatus de museo de Santa Sofía y dejó la titularidad del edificio en manos de la Diyanet –el organismo público gestor de las mezquitas turcas.

La medida, tomada de forma unilateral el 10 de julio, disolvió la neutralidad de la antigua basílica bizantina; y el viernes pasado tuvo lugar el primer rezo musulmán en la mezquita, ahora identificada como “Gran Mezquita de Santa Sofía”.

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Utilización política

Actualmente Turquía es candidata a la Unión Europea. Sin embargo, cada 29 de mayo celebra con una gran fiesta nacional la caída de Constantinopla. ¿No es contradictorio?

En los últimos años, el gobierno turco viene mostrando una ideología de conquista con el único fin de reivindicar al presidente. Con esta re-islamización de Santa Sofía hay un propósito bien claro: mejorar la imagen pública de Erdogan en Estambul.

En más de una oportunidad, el mandatario ha dicho: “Si perdemos Estambul, perdemos Turquía”. Y eso es lo que pasó en las elecciones municipales del año pasado: su partido, el AKP, perdió en Estambul y otras grandes ciudades, como Ankara.

Los propios analistas locales advierten que Santa Sofía es víctima de una maniobra política con fines electorales para aumentar la popularidad del presidente turco.

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Repudio mundial

Este es el sueño de mi juventud”, admitió Erdogan al hacer pública la medida. La decisión desconcertó a la mayoría de los ciudadanos turcos, que consideran a Santa Sofía como un emblema de la Constitución laica del país.

Estados Unidos, Francia, Grecia, Rusia y el Vaticano rechazaron públicamente la transformación del museo en lugar de culto musulmán.

Se estima que en las próximas semanas la UNESCO pondrá a Santa Sofía en su lista de monumentos en riesgo: los mosaicos han sido cubiertos con sábanas y cortinas y las imágenes religiosas cristianas permanecen tapadas durante los momentos de oración –el islam rechaza la presencia de imágenes humanas y divinas en sus templos.

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“Santa Sofía se convirtió en un referente para la construcción de otras iglesias y más tarde de mezquitas, y los mosaicos de los palacios e iglesias de Constantinopla influyeron en las artes tanto de Oriente como de Occidente, así que tiene un gran valor simbólico, histórico y universal. Lamentamos profundamente la decisión de las autoridades turcas, adoptada sin diálogo previo”, advirtió la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Si bien el presidente Erdogan prometió que la ex basílica bizantina seguirá abierta al público –es una de las principales atracciones turísticas de Turquía-, un alto funcionario de su gobierno lo desmintió.

Santa Sofía fue convertida en una gran mezquita y no permanecerá como un lugar donde otras creencias también puedan rezar”, anunció el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu.

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La gran herida

Las autoridades griegas condenaron la reconversión de Santa Sofía en mezquita y la consideraron una provocación directa.

Santa Sofía sigue siendo un monumento de toda la Humanidad, al margen de la religión. El nacionalismo mostrado por el presidente Erdogan no es el mejor consejero, ha decidido aislar a Turquía culturalmente hablando”, aseguró la ministra de Cultura de Grecia, Lina Mendoni.

Para la historiadora Christina Koulouri, la decisión de Turquía tiene un simbolismo particular y sirve para presionar a Europa. “El imperio bizantino es elemento constitutivo de la identidad griega, la historia y la religión del país, un lazo entre la Antigüedad griega y la Grecia contemporánea”, señaló.

Las instituciones helénicas de la jurisdicción de la Arquidiócesis Ortodoxa de Buenos Aires y Sudamérica del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla también se manifestaron en contra.

Santa Sofía fue durante siglos, desde su construcción hasta la caída de Constantinopla, el símbolo indiscutible de referencia de toda la cristiandad. Y lo sigue siendo. La historia de la romanidad bizantina puede resumirse en este monumento testigo y catalizador de la historia de los cristianos”, opinaron representantes de las comunidades griegas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

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“Bajo la guía pastoral de nuestro jerarca local, el Arzobispo Metropolitano Iosif, y de los arcontes dignatarios de la S.G.I.C., expresamos nuestra preocupación y desaprobación a la unilateral acción del gobierno turco de re-islamizar la basílica de la Santa Sabiduría de Dios. Creemos que una acción de esta índole -que tiene alcance mundial- es un real retroceso en las relaciones entre las religiones y los países, e implica una grave herida en la comunidad cristiana ortodoxa y mundial”, declararon.

La decisión de Erdogan no sólo atenta contra la convivencia interreligiosa, sino que además contamina políticamente la neutralidad que solía tener Santa Sofía.

“Como museo, podía servir como lugar y símbolo de reunión, diálogo y coexistencia pacífica entre pueblos y culturas, entendimiento mutuo y solidaridad entre el cristianismo y el islam, lo cual es especialmente necesario e imperativo”, objetó el Patriarca Ecuménico Bartolomé.

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