Salud | realeza | Rusia | viruela

El método de Catalina la Grande para promover la vacuna contra la viruela

La emperatriz rusa rompió con las creencias de la época, se alejó de las supersticiones y apostó por la inoculación.

En plena pandemia de coronavirus, los ojos del mundo reposan sobre las vacunas que están comenzando a testear las grandes potencias. Con cada avance en materia de inoculación crece, al unísono, la esperanza de salvar a muchas personas del COVID-19. Sin embargo, no siempre fue así.

Rusia, siglo XX. La viruela se cobró la vida de más de 300 millones de personas a nivel global y no hay cura a la vista. Los europeos ya no saben qué hacer: dejan dientes de ajo en su boca, se bañan en vinagre, llevan amuletos y hasta se flagelan para contentar a Dios.

Las medidas de prevención que vienen tomando, amparadas en la superstición, no son efectivas. Los tratamientos científicos son considerados como ritos satánicos y la falta de higiene es una constante en todas las clases sociales. Nadie sabe cómo contener a la enfermedad.

Catalina la Grande, impulsora de la educación superior para las mujeres de su época y gran líder política, estudia el panorama y decide apostar por la ciencia. Si bien es algo que hoy suena bastante lógico, en aquella época fue toda una proeza.

La emperatriz sabe que no hay tiempo que perder. Rusia es uno de los países más afectados: dos millones de personas fallecieron producto de la viruela. Preocupada por su pueblo y por su hijo Pablo –que aún no se ha casado y “necesita tener una cara sin marcas”-, comienza a investigar una posible cura por su propia cuenta.

catalina-la-grande-heritage-images.jpg

Los médicos ingleses tienen una excelente reputación entre los monarcas, sobre todo en temas relacionados con la medicina. Por eso, Catalina decide convocar a Thomas Dimsdale, un médico que había logrado avances en su investigación sobre la viruela.

El doctor Dimsdale se abocaba a la prevención de enfermedades. Mientras atendía a sus pacientes del hospital St. Thomas de Londres, había descubierto que las personas sanas inoculadas con el virus de la viruela se volvían inmunes a la enfermedad.

Al llegar a la Corte, el médico explica el método que usa y Catalina decide ofrecerse como voluntaria para recibir la primera dosis. Le siguen su hijo, Pablo, y más de 130 miembros de la Corte. “Debíamos ser los primeros, como ejemplo y prueba dentro del Imperio”, confesaría años más tarde en sus memorias.

Todos creyeron que la decisión de vacunarse respondía, una vez más, al temperamento de la emperatriz. Su marido, Pedro III, había contraído la enfermedad y los cortesanos pensaban que ella había quedado sensible.

Sin embargo, en plena pandemia de viruela, Catalina la Grande logra imponer una moda inédita: la vacuna. La inoculación no sólo se extiende por todo el país, sino que además cruza las fronteras del Imperio Ruso y se salvan millones de vidas.

Dejá tu comentario