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Corbata, el perro emblema de la odorología forense que ayudó a resolver 298 crímenes

Era mestizo y fue despedido con honores. Falleció el 12 de diciembre en Corrientes, Argentina.

Si Corbata no hubiese sido tan travieso, su historia habría sido otra. El comisario Hugo Lagos, de Viedma, Argentina, no sabía qué hacer para calmar a su mascota, un perro de ocho meses que no paraba de destrozar todo lo que encontraba a su paso.

El cachorro tenía debilidad por la ropa, ¡y la hacía añicos! Cansado del mal comportamiento de su perro, el comisario decidió llevarlo a la sección canes de la fuerza policial rionegrina. Y allí cambió su vida.

Cuando el veterinario lo conoció, vio más allá de sus travesuras y supo detectar que tenía un talento innato. No se equivocó: Mario Rosillo es una eminencia internacional en odorología forense, una técnica de identificación molecular del olor humano sobre evidencias de la escena del crimen con caninos.

Corbata demostró condiciones sobresalientes. A los cinco meses de entrenamiento, en 2003, participó de su pericia inicial: un homicidio ocurrido en un pueblo cercano a la capital provincial. “Él resolvió el caso, se tomaron evidencias, entre ellas un resto de ropa, donde el homicida se apoyó con los pies. Hubo dos sospechosos y él marcó al autor del crimen”, cuenta Rosillo (70).

Durante su carrera, Corbata intervino en 359 pericias, resolvió 298 casos y se convirtió en el perro más buscado por los investigadores judiciales de Argentina y el exterior.

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El perro, que era mestizo y había nacido en Carmen de Patagones, prestó servicio durante diez años y luego fue pasado a retiro con banda de música y una medalla de honor en la Policía de Río Negro. Cuatro años después, el 12 de diciembre de 2019, falleció en Corrientes.

“Me lo traje a vivir conmigo porque ya estaba muy delicado de salud: tenía una afección cardíaca, parálisis en la cadera y complicaciones renales. Por eso, en 2015 inicié una campaña en la web para apurar su jubilación y quedarme con el animal. En pocas semanas juntamos más de 5.000 firmas con una ONG y en las redes subieron más de 1.000 fotos con perros de distintas partes del mundo adornados con una corbata”, recuerda Rosillo.

El veterinario destaca que Corbata se sintió bien hasta último momento y que siempre mantuvo su gran olfato. “Le daba bolitas de carne molida: una con la medicación y la otra sin la medicación. Él primero comía la que no tenía nada y luego la otra, pero largaba el medicamento por el costado de la boca. Tuve que cambiar de técnica para engañarlo”, recuerda.

Según los especialistas, el olfato de los perros es mil veces superior al de los seres humanos. “Los perros con los que trabajamos nosotros buscan las evidencias que tiene el olor humano. El humano desprende 667 células por segundo y eso se trabaja con vapores, a diferencia del ADN, que usa del núcleo de la cédula”, explica Rosillo.

Corbata es el perro que más me marcó, fue el perro bandera de la odorología forense en Río Negro y hoy sigue siendo un puntal en el mundo. Con él aprendí a valorar los olores en las escenas del crimen, podía identificar a las personas con un pedacito de pelo”, concluye el veterinario.

FUENTE: Con información de Clarín

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